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martes, 20 de setiembre de 2011

ultimos dias.....

Dejamos Yanama por la mañana (esto medio que rima). Dejamos también su niebla por detrás nuestro. Frío
mañanero, también este frío y esta niebla serán las últimas de este viaje. Todo empieza a tomar ese saborcito: el agridulce sabor de saber que se va acabando la caminata, el paseo, el viaje.


Y el camino va de subida, por entre cascadas que no miran del flanco derecho. Si bien la neblina de Yanama queda atrás, una constante corona de nubes esconde los picos de la montañas, pero de cuando a cuando, cuando una de esas nubes deja de prestar atención y deja de hacer su trabajo encubridor, y el pico nevado puede asomar la cabeza, nos muestra este su melena y nos deja saber que tan cerca del cielo en realidad nos encontramos.

Luego, el paso. Y el ultimo cambio se ve: el contrate del marrón con el verde: el cambio de montaña a selva.

Luego del paso, todo es cuesta abajo. Días largos sin ver a nadie por días ya quedan atrás. Ahora se recorren distancias por entre lugares poblados, más modernos y (no sé si decir desgraciadamente) más comerciales.

El fin esta cerca. A la vuelta de un cerro vemos a Macchu Picchu en lo alto. Desafiándonos. Invitándonos. Esperándonos......



El cierre de este nuestro viaje será sobre una desayuno de fruta en la ciudad Imperial.

domingo, 11 de setiembre de 2011

Choquequirao adelante....


Hoy si, empieza la caminata y a levantarse temprano. Qué fastidio! Pero más fastidio es darse cuenta de que en lo que en el mapa lo leí como ”camino plano” es en verdad una suave, pero constante subida. Leve, pero jodida. Hasta llegar al mirador, a nuestro primer mirador, pero… que mirador! Cual bracito naciendo del lado de la montaña… y desde este bracito se ven 3 montañas más, cada una con sus bracitos, como saludándose, y cada una con su pedazo de rio, trayendo más agua al Río del Dios Hablador: al rio Apurimac, el rio que nos acompañará por el resto del dia y al que reencontraremos luego….


Y como todo lo que sube, baja, yo también. Vamos bajando, bordeando la montaña, siguiendo al Apurimac. Cada vez más abajo, cada vez más fuerte el ruido que El causa. Su fuerza casi hipnotizadora haciendo difícil ver otras cosas que no sean El. Y es que el camino va directo hacia sus orillas y desde lo alto se ve que tan grande es, que tan ancho corta a las montañas, y ,a un par de kilómetros, se puede ver el pequeño puente que nos hará cruzar. Y ahí, a los pies del puente, en la otra orilla: el nacimiento del camino que, zigzagueando, lleva a la cumbre. A la cumbre y a las puertas de Choquequirao ….



Noche de luna llena